Guatemala: Resistencia por la vida y por los medios de vida

La costa de Guatemala es una zona de clima cálido, donde sólo quedan algunos remanentes de la gran selva tropical húmeda y los pastos naturales que regían entre el mar y las montañas. Este paraíso perdido hoy es una zona de pésima distribución de la tierra, altos índices de pobreza, mano de obra barata referente a trabajos agrícolas e inseguridad alimentaria. No es coincidencia que se concentra allí la mayor parte de la producción agroindustrial del país, tal omo monocultivos de palma aceitera, caña de azúcar, banano, hule, producción ganadera y el procesamiento de estas materias primas en productos finales.

Los grandes monocultivos demandan grandes cantidades de agua provenientes del altiplano de Guatemala, donde se originan los ríos que desembocan en las costas del Océano Pacífico. Éstos inician su recorrido en las partes más altas de nuestro país. Un ejemplo es Totonicapán, el departamento con mayor agua de Guatemala y que abastece la boca costa y costa.  Estas plantaciones de monocultivos necesitan de enormes cantidades de agua, que se obtienen mediante el uso directo o la desviación de los ríos, causando graves daños a las comunidades locales, que dependen de su agua para sus necesidades diarias, especialmente durante la estación seca.

Estas áreas también rápidamente se vuelven incapaces de producir otros cultivos debido a la estructura invasora de la raíz de la palma aceitera. Las comunidades se han visto gravemente afectadas por la extracción no regulada de agua por parte de la empresa BANASA, que tiene asociación con Rainforest Alliance y el Grupo Agroindustrias Hame.

La sed incansable de los dueños de las grandes extensiones de tierra y de los grandes monocultivos, genera una enorme desigualdad en el acceso al agua, recurso clave para las comunidades de toda la costa sur. Considerando también los fenómenos del cambio climático y roblemas de acceso a la tierra para cultivos, la contaminación y escasez del agua en estos lugares afectan gravemente a las comunidades más vulnerables. Afecta también a la conservación de los recursos naturales, claves para promover un desarrollo sustentable y la diversidad biológica existente en éstas áreas. Mientras tanto, Guatemala usa el 12% de sus tierras cultivables para monocultivos. A nivel mundial es el tercer exportador de banano, cuarto exportador de azúcar y noveno de aceite de palma, según estimaciones del Instituto Nacional de Estudios Agrarios y Rurales, entre 2003 y 2013.

Y hablar de problemas con el agua en estos lugares, es hablar de grandes intereses empresariales y económicos, de frecuentes problemas de salud generados por el consumo de aguas contaminadas, de pérdidas comerciales de los pequeños productores, de luchas para la protección al medio ambiente, de movimientos campesinos contrarios a las actividades agrícolas antes mencionadas, de reivindicación de los Derechos Humanos y de protección a la vida en un sentido amplio. Es hablar de conflictividad y resistencia. El descontento por ésta situación es muy generalizado, ya que decenas de miles de personas se ven afectadas, ocasionando movilizaciones que a veces son contestadas con violencia y que denuncian violaciones al derecho fundamental a un ambiente sano, imprescindible para el desarrollo digno de toda población.

Dos de los principales focos del conflicto son: Primero, el desvío de los ríos durante la estación seca, especialmente por parte de ingenios azucareros. Durante le época seca esto causa escasez de agua y durante la estación de lluvia genera inundaciones. Casos ya denunciados en años recientes incluyen el desvío del río Samalá, Retalhuleu, por parte del ingenio Tululá en 2014 o del río Coyolate en enero de 2013 en Escuintla, tanto por empresas azucareras como de palma aceitera. Estas constituyen dos de muchas violaciones a las leyes nacionales sobre protección al patrimonio natural. Y segundo, la contaminación de lagunas y ríos con vinaza y otros herbicidas o sustancias madurativas, devastando la diversidad local y reduciendo el rendimiento de los cultivos de pequeños productores.

Por ejemplo. En 26 kilómetros de recorrido del río madre vieja, existen 29 desvíos del rio para el riego de los monocultivos.

La vinaza es un subproducto del procesamiento de la caña, específicamente de la destilación del alcohol. Su aplicación en grandes cantidades en los monocultivos de caña hace los tallos de la caña más gruesos, mejorando su rendimiento. Cuando llueve, la vinaza entra a los ríos y absorbe el oxígeno del agua, provocando la muerte de peces y otra fauna acuática. También hace que el agua cause enfermedades gastrointestinales y de la piel, no sólo cuando la gente la usa para cocinar o beber, sino también cuando la usa para lavar ropa o bañarse.

La lista de las lagunas, como las de Jabalí, Pital o Cotuza, y los ríos, como el Kijibalá, Peráz y Sis, contaminados por la vinaza y otras substancias es larga sólo en Retalhuleu. Una queja de 2013 de 68 comunidades de Retalhuleu también cita las fumigaciones aéreas por la contaminación ambiental. Denunciaron que en los años antes de la llegada de esta práctica a sus comunidades, una manzana de ajonjolí producía aproximadamente 16 quintales, mientras que ahora una manzana produce apenas cinco quintales, a causa de las fumigaciones de herbicidas. Uno de los herbicidas más importantes en los monocultivos de caña en Guatemala, de uso amplio en las fumigaciones aéreas, es el glifosato, el químico más vendido de Monsanto. Este químico hace que los tallos de la caña crezcan más bajos y anchos, con una concentración de azúcar más alta. Pero cuando alcanza otras plantas suele tener efectos devastadores. De hecho, por sus efectos tóxicos, la Organización Mundial de Salud (OMS) clasificó al herbicida como “carcinógeno probable.”

Para entender cuánto poder político tienen las empresas de palma aceitera como Reforestadora de Palma del Petén, S.A. (Repsa), que aparentemente causó el desastre en el río La Pasión, solo necesitamos enumerar los impuestos que no pagan. Según un reportaje de 2014 de Plaza Pública, Repsa y 15 otras grandes empresas de palma aceitera se han acogido a la Ley de Maquilas, que les permite evadir el impuesto sobre la renta (ISR), derechos arancelarios, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) sobre insumos importados, y el IVA sobre insumos del mercado interno, porque pueden pedir que se les devuelva. Esto explica el crecimiento tan súbito en la producción de la palma aceitera más conocida como palma africana.

Cientos de comunidades, abandonadas y olvidadas a su suerte por el Estado de Guatemala, han sido apoyadas y/o asesoradas por pocas organizaciones (Diócesis de Suchitepéquez, Comité de Desarrollo Campesino -CODECA-, Comité de Unidad Campesina -CUC- y Red Manglar por ejemplo) en comparación con  otras regiones dentro del país. La gestión del recurso hídrico en la costa sur es altamente deficiente o inexistente, incrementando alarmantemente la vulnerabilidad al cambio climático, y donde los más afectados son y serán los más pobres y los ecosistemas ya frágiles. Se pueden esperar movilizaciones campesinas más contundentes y  a falta de diálogo o negociaciones, que se extienda y perpetúe la espiral de violencia por el acceso al agua, como ya se ha visto en casos relacionados con el acceso a tierras en otras partes del país. Saldremos perdiendo todos.

Es urgente fortalecer la unidad entre pueblos indígenas y organizaciones defensoras de derechos humanos, de esta manera se fortalecerá nuestra resistencia en defensa de los medios de vida, como lo dice el Pop U´j: "que nadie se quede atrás que todos se levanten".
 

Opinión: Alberto Ramírez Recinos.
Defensor de Derechos Individuales y Colectivos de los Pueblos Indígenas en Guatemala.