Don Jorge y Mariana dejan su finquita en Pavón de Los Chiles

Opinión

Fabiola Pomareda García / [email protected]


Dejaron atrás un pedazo de tierra en Pavón de Los Chiles, el cual habían cuidado durante años. A fines de setiembre del año pasado empezaron a irse. Primero llevaron el ganado y los caballos en el camión; luego empezaron a desarmar el rancho y, cuando conversamos con ellos, el 3 de octubre; estaban esperando la luna menguante para despegar la huerta.

Mariana contó que consiguieron un lugar por San Antonio, como a 30 minutos de donde vivían.
“Por la mosca, por los químicos; ahí no se soportaba estar”, dijo Mariana, entristecida. Un día le salió sangre por la nariz; algo que nunca le había pasado, y era por los agroquímicos que estaban echando en la piñera. “Ellos lo que dicen es que están echando foliares”, señaló.

Cuando conversamos sólo les faltaba volver al terreno que estaba en lo alto de una colina por las cosas de la huerta, unas cercas y postes.

- Pequeño ganadero caminará desde Los Chiles hasta San José para protestar contra expansión piñera (Mayo 2017)-

La vida de don Jorge Castro y Mariana Paniagua cambió drásticamente desde hace alrededor de ocho años por la intensificación de la siembra de piña, que ha generado drenajes de humedales; contaminación de fuentes de agua; y deforestación. Su finca, que conocimos en abril del año pasado, está completamente rodeada de piñeras. Una de ellas es La Nidia.

Esta semana el diputado y candidato presidencial del Frente Amplio, Edgardo Araya, presentó una denuncia “por el incumplimiento de deberes ante la Fiscalía, para que sienten las responsabilidades de las personas funcionarias públicas, particularmente de la Comisión Plenaria y del Secretario General de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA), por omitir su deber de sancionar y denunciar las violaciones a la ley por parte de la finca piñera La Nidia”.

“Mi familia y la salud es lo más importante. Fui al Gobierno, fui a los diputados y nadie pudo ayudarme con el problema. No sé si hice lo mejor; fueron 35 años de cuidar un pedazo de tierra. Pero de repente ya se volvió invivible. Lo que venía era la cárcel o morirme. Los animales se morían. Estábamos bañándonos con agua contaminada”, dijo don Jorge.

“Todo lo que usted siembra a la par de la piña se jode. Ñampí, papaya, tiquisque, chile; todo lo que se siembra a la par de la piña se jode por los químicos que corren por el viento. Y la mosca de la piña es transmisora de toda clase de enfermedades. A los caballos les da anemia; las vacas se debilitan o se meten en la montaña y se enredan en un bejuco y ahí se mueren”, continuó.

No se investigó a las piñeras

En mayo del año pasado don Jorge caminó más de 180 kilómetros desde Pavón hasta Casa Presidencial en San José, para denunciar su situación y la de cientos de personas de la Zona Norte. Le acompañaron Mariana y su amigo don Gabriel. En el camión trajeron su caballo, una vaca y su perrita. Le recibió el presidente Luis Guillermo Solís, estuvieron en una conferencia de prensa en la Asamblea Legislativa y ministros y ministras firmaron acuerdos comprometiéndose a investigar los permisos ambientales y las denuncias interpuestas contra piñeras de la zona.

Después de una visita de inspección que se realizó a Pavón en abril del año pasado, se lograron demostrar incumplimientos pues en la finca La Nidia se había empezado a realizar la actividad sin depositar la garantía ambiental y sin nombrar regente ante la SETENA. El no pagar la garantía ambiental tiene como sanción la cancelación del permiso ambiental. Sin embargo, la SETENA sólo suspendió las obras por un corto plazo. Todo esto está contenido en la denuncia presentada por el despacho del diputado Araya esta semana.

También se habían identificado dos posibles delitos: “la invasión al área de protección de una quebrada y la usurpación de aguas por tener tres pozos sin los permisos respectivos”. A pesar de ello la SETENA no puso las denuncias respectivas ante el Ministerio Público para que se investigara, indicó la oficina de Araya.

Nueve meses después, Jorge y Mariana siguen denunciando lo mismo: la expansión piñera les arrebató poco a poco la tierra donde vivían, que cuidaban, donde sembraban lo que consumían y criaban sus animales. Sus vidas, como las de miles de personas en todo el país no importaron. Los empresarios piñeros siguen acaparando miles de hectáreas de tierra en todo el país y sus cómplices en el Gobierno continúan protegiéndoles con una actitud agachada y cobarde. ¿Todo para qué? ¿Hasta cuándo seguimos permitiendo este sistema perverso?

Un nuevo comienzo... forzado

La finca donde viven ahora don Jorge y Mariana mide como 10 hectáreas y media. En medio terreno pasa una naciente y el acueducto les lleva agua limpia. Ahí tienen sus 33 cabezas de ganado, tres caballos y las gallinas.

“Aquí me vine. Viera qué perezeado  el ganado aquí; están felices. Aquí no hay mosca. La piña está como a dos kilómetros. A la par lo que hay es otra finca con ganado y caña de azúcar. Aquí se ve mono araña, congo, y tucanes. Ya Mariana está contenta. Estoy demasiado contento. El domingo fue: ¡Viera qué felicidad”, dijo don Jorge. Él y Mariana se mantendrán en la lucha, denunciando y exigiendo justicia.